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Clive Crook

Clive Crook | Columnista | Diario Financiero Online

Le toca a la Fed alimentar la recuperación

Martes 31 de agosto 2010

La recuperación estadounidense se está estancando. Desde la economía, el balance de riesgos se inclina a favor de más estímulo fiscal y monetario. Los políticos parecen descartar lo primero, y una Reserva Federal dividida duda sobre lo segundo. Los líderes de Estados Unidos están decepcionando al país.
A diferencia de otras economías avanzadas, EE.UU. podría emprender un nuevo estímulo fiscal con un riesgo aceptablemente bajo. El apetito mundial por su deuda no ha disminuido. El riesgo casi podría eliminarse si el Congreso se comprometiera a estímulo ahora, restricción más tarde – uno podría pensar que es algo fácil, pero es evidente que está más allá de su alcance. La administración podría y debería estar presionando por ese paquete, pero no es así.
Por supuesto, la política se inclina fuerte contra acciones futuras, por lo menos antes de las elecciones legislativas de noviembre. ¿Pero y si el gobierno promoviera un segundo estímulo basado en impuestos bajos – extendiendo temporalmente todos los recortes fiscales de Bush, que expiran a fines de año, además de (digamos) un alivio a los impuestos laborales más generoso vinculado a nuevos puestos de trabajo? ¿Podrían los republicanos objetar eso? Esta propuesta podría dar a la producción y el empleo un empujón menos poderoso que otro aumento del gasto público - es discutible - pero sería mejor que nada, que es donde las cosas están en la actualidad.
Mientras tanto, está la política monetaria. Al final de la semana pasada, hablando en la conferencia de Jackson Hole, Ben Bernanke, presidente de la Fed, reconoció lo vacilante de la recuperación y recordó a su audiencia que el banco central tiene capacidad de estímulo sin explotar. La tasa de interés de referencia es efectivamente cero, pero queda el relajamiento cuantitativo y otras medidas no convencionales.
Bernanke y sus colegas están comprensiblemente nerviosos acerca de la ampliación de las medidas radicales que ya han adoptado. Divididos sobre el punto, han dado un modesto paso más evitando que la maduración de la deuda que tienen se traduzca en un endurecimiento de las condiciones monetarias. Tienen razón en preocuparse acerca de su estrategia de salida, también tienen razón para estar nerviosos por estar en un terreno inexplorado. Pero el balance de riesgos se ha movido. Deben ir más allá.
George Magnus de UBS piensa que la deflación supone un mayor riesgo para los EE.UU. que la inflación. Parece tener razón: las expectativas de inflación, según muestran las tasas sobre la deuda estadounidense indexada a la inflación, son muy bajas. Magnus sin duda tenía razón al decir que esto señala la necesidad de mayor flexibilización monetaria, pero creo que se equivocó cuando dijo que “los monetaristas impenitentes no se convencerán”.
Como ha señalado el economista monetarista Scott Sumner, Milton Friedman (nombre un monetarista más impenitente) hablaba de “la falacia de identificar la restricción monetaria con altas tasas de interés y el dinero fácil con tasas de interés bajas”. Cuando las tasas nominales de largo plazo son muy bajas y las expectativas inflacionarias son, por lo tanto, también muy bajas, el dinero es escaso en el sentido que importa. Cuando el dinero abunda, aumentan las expectativas de inflación, lo mismo que las tasas de interés a largo plazo. Los monetaristas no reformados, por lo tanto, deberían estar de acuerdo con el punto principal de Magnus: en las circunstancias actuales, mejor imprimir dinero y condenarse.
Es cierto que, una vez que la cuestión estratégica está resuelta, es difícil plantearse cuestiones tácticas. Por ejemplo, ¿qué activos debería comprar la Fed? Como ha señalado Alan Blinder, ex vicepresidente de la Fed, la reciente política de sustituir los valores con respaldo de hipotecas que van venciendo en el balance de la Fed con deuda pública tiene el efecto secundario de reducir la presión a la baja sobre los márgenes de riesgo, lo que es una lástima. Desde ese punto de vista, sería mejor si una nueva fase de relajamiento cuantitativo se concentrara en títulos privados, pero entonces la pregunta sería ¿exactamente en qué?
Detalles como estos necesitan pensarse bien. Pero lo principal es bastante simple: se necesita un estímulo monetario adicional, y pronto.
Haya apoyado o no que el proyecto siga adelante -lo que creo que debe hacer- podría haber recordado al país de sus propósitos comunes, podría haber tratado de unificar, podría haber insistido en la tolerancia y la comprensión en ambos lados. Ese fue el Barack Obama que el país eligió. ¿Adónde se fue?