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Fernando Moreno

Fernando Moreno | Columnista | Diario Financiero Online

Sobre el bien común


Martes 31 de agosto 2010

El bien común de la sociedad política, política, es el fin, la tarea y la norma de la misma. Es en, y para ella, un desafío permanente, que diversamente concierne y obliga a todos y cada uno de los miembros de la Polis. La cual, existiendo en la “unidad de paz” (Santo Tomás de Aquino), tiene su “energía” en la “amistad cívica (Aristóteles), así como en la práctica permanente de las virtudes morales: de la prudencia y la justicia, principalmente.
Ahora bien, no siendo las virtudes, ni innatas, ni infusas (para el caso…)(1), el desafío principal para el logro de la “buena vida humana del pueblo”, es la educación; es decir, la formación de las “mentes” en la verdad y el bien. En la verdad que hace libres (San Juan) y que es, en definitiva, el “principio y aun de los principios”.
En esta perspectiva, es evidente que la mentira, con o sin engaño (San Agustín), erosiona el bien común y, al límite, destruye la sociedad misma.
Hoy, pero ya en los tiempos modernos, más ampliamente, la institucionalización ideológica de la mentira, y su proyección social (y en cierto sentido, cultural), ha operado (privilegiadamente...), a través de algunos partidos políticos. De los partidos de inspiración marxista (comunista y socialista), así como del Partido Nacional-Socialista (Nazi), hoy, más bien cultural y políticamente difuso, pero no ajeno a Martin Heidegger, aún en su relativa dispersión(2).
En Chile, la radicalización política que viene del siglo XIX (laicización y reivindicaciones sociales) va a ir progresivamente “decantando” y organizándose en los partidos de inspiración social marxista(3), así como, por la vía política caracterizada por la invocación(4) de principios de la Dóctrina Social de la Iglesia. Y aún del filósofo cristiano francés Jacques Maritain(5).
Sea lo que fuere, es un hecho que los partidos políticos, en uno u otro sentido, ideológicos, han llegado a convertirse, no en vías o instancias de bien común, sino que, al revés, en “máquinas” electorales, operantes en beneficio de esos partidos y de sus miembros. Instancias, por siguiente, no de bien común nacional, sino de “bien común” partidario; y más próximas a las mafias o “familias” sicilianas o a “la Cosa Nostra”, que al bien del “todo social” y nacional, y de sus miembros.
En esta dinámica “electorera”, más bien que propiamente electoral, el fin (o la “meta”…) es el acceso y posesión del poder, con sus beneficios pecuniarios y “ocupacionales” (6). Pero, de ninguna manera, será ya el Bien Común del Pueblo. Este pasa a ser suplantado -o usurpado- por el usufructo privado del patrimonio y el erario nacionales, tal como nos lo ha ilustrado ex abuntantia y a saciedad, el concertacionismo “chilensis”, so pretexto de “transición a la Democracia” y estar ya en el “Paraíso”.

(1) Ciencia virtud intelectual y moral
(2) Ver Víctor Farías.
(3) Con Recabarren, especialmente.
(4) Democracia Cristiana
(5) Precisemos, para una y otra fuente: invocación; no, inspiración. (salvo uno u otro caso)
(6) Y no cesa de hacerlo (Intendencia de Valparaíso).