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Manuel Bengolea | Columnista | Diario Financiero Online

Grecia y el Hades financiero


Lunes 10 de mayo del 2010

En la mitología griega, Hades alude tanto al antiguo inframundo griego como al dios de la muerte. Grecia está en una situación financiera, económica y política delicada en la actualidad, que de ser mal manejada podría mandar al país helénico al inframundo económico. No serían los primeros y tampoco los últimos.
Lo increíble es que los episodios actuales ya habían sucedido en el pasado. En la década de los 80, y a pesar de ser miembro de la Comunidad Europea, Grecia exhibió resultados macroeconómicos pobres debido a políticas fiscales expansivas que triplicaron la razón deuda-PGB, desde un modesto 34,5% en 1981 hasta más de 100% en los 90. La inflación promedio en los 80 fue del 19%, tres veces más que el promedio de Europa. El déficit fiscal subió también en este período hasta alcanzar su máximo de 9% en 1985 (hoy se estima que llegue a 13%). La deuda pública en los 80 fue un problema para el gobierno griego, y en 1991 los pagos de intereses de ésta casi llegaban al 12% del PGB. Cuando el país firmó el Tratado de Maastricht, en 1991, estaba lejos de cumplir con el criterio de convergencia. Por ejemplo, la inflación de Grecia era 19,8%, mientras que en Europa promediaba 4%, y el déficit fiscal llegaba a un 11,5% del PGB, mientras que en Europa promediaba un 3,6%.
Sin embargo, Grecia fue capaz de mejorar notoriamente sus finanzas en la década de los 90, reduciendo tanto la inflación como el déficit a menos del 3% en 1999. Con esto, Grecia lograba cumplir con los criterios de entrada a la Eurozona. Su economía también exhibía buen crecimiento durante los 90, lo cual se prolongó hasta el nuevo milenio, y alcanzó un crecimiento promedio cercano a 4%, muy por sobre el promedio de la comunidad europea.
¿Qué pasó? Lo que le ha sucedido a muchos otros países, Argentina es una muestra más conocida por nosotros, en donde la mezcla de plata dulce y administradores públicos ineficientes son casi siempre preludio de desastre. ¿Y qué va a pasar? Es muy probable que Grecia, que representa un 2,6% del PGB de la eurozona, reciba la ayuda que le evite caer en un impago de la deuda soberana, pero el recorte de gastos que tendrá que implementar el gobierno será cuantioso y muy duro. Por supuesto que el recorte de gastos tendrá que ser más o menos parejo para evitar los conflictos políticos y sociales. Esto significa que no sólo se deberán reducir los salarios de los empleados públicos, las pensiones de los jubilados, y en general los servicios aportados por el estado, si no también deberán asumir el costo quienes tan irresponsablemente concurrían a colocar recursos financieros en la economía griega, lo cual implicará, les guste o no, aceptar pérdidas.
El gobierno alemán y su canciller Merkel, pueden estar reticentes a financiar un paquete de ayuda económica para Grecia, ya sea porque quieren evitar confundir a sus votantes en las próximas elecciones, o porque piensan que esto es sólo un problema griego. Si todos los participantes del problema griego se plantan en la posición de Alemania, sin duda que tendremos un Hades financiero que podría complicar el proceso de recuperación.
Alemania y los otros países de la eurozona tendrán que convenir en apoyar financieramente a Grecia, pues la caída de éste no será gratis para ellos. El FMI ya anunció su aporte y debería apurar su desembolso. Los bancos franceses y alemanes, que son los con mayor exposición griega en sus balances, tendrán que aceptar que hicieron un mal negocio y resignarse a perder una parte de la inversión. El mercado ya baraja la idea de que, al menos en lo que respecta a los bonos soberanos, el descuento estaría entre 20 y 30%. En efecto el bono soberano a 10 años de Grecia se transa a 75% de su valor par.
Por último, en el improbable evento de que se materialice una cesación de pagos en Grecia, no creo que vaya a producir un efecto de contagio generalizado en el mercado financiero mundial, es más dudo que pueda tener un efecto muy dramático en el resto de los países de la eurozona. Portugal puede tener uno que otro problema, pero España e Italia están muy lejos de la realidad helénica. Por otra parte, con el proceso de recuperación en EE.UU., y las economías emergentes, yendo mejor a lo esperado, me atrevería a decir que la turbulencia actual representa más una oportunidad de compra que una ocasión para arrancar hacia activos ultra seguros.