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Editorial

Piñera y la reconstrucción

E l regreso al poder de la centro derecha en Chile careció ayer de la espectacularidad que quizás sus partidarios añoraban. Acertadamente, se optó por una ceremonia y actividades austeras y limitadas. Los tiempos no están para fiestas y menos cuando, simultáneamente, el país sufría los efectos de nuevos sismos.
Como consecuencia, los simbolismos cambiaron y los tradicionales discursos de instalación, siempre llenos de promesas y buenas intenciones, debieron ser reemplazados por las acciones: declaración de zona de catástrofe en la VI Región, visita del presidente al área afectada, designación del nuevo director de Onemi.
Si el terremoto del 27 de febrero cambió el eje del nuevo gobierno, desde la reactivación a la reconstrucción, el sismo de ayer volvió -al menos por un instante- a poner sobre el tapete la capacidad de respuesta ante la emergencia y, en ese sentido, la primera señal del gobierno fue optar por estas decisiones rápidas y profundas.
Pero la urgencia no debe copar la agenda y será tarea de las nuevas autoridades conseguir que estos sucesos no terminen por doblar la mano a las promesas y anuncios del presidente. El desafío radicará en conseguir que la reconstrucción no esté ausente de épica ni de un sello que permita diferenciar la gestión que se inicia.
Desde el equipo más cercano al presidente han señalado que el proceso de reconstrucción quizás tomará todos los años de gobierno. Reconstruir las zonas que han sido más afectadas, involucra también la tarea de “normalizar” la actividad económica, seriamente deprimida en algunos puntos del país. Pese a que ya se han anticipado medidas para mitigar en parte la situación -como el anticipo del bono por
$ 40 mil por carga a las familias de menores ingresos-, hay que considerar que existen algunas industrias que están seriamente afectadas y que deberán paralizar por algunos meses, lo que su vez tendrá consecuencias en el empleo de esos sectores.
El otro desafío para el presidente estará puesto en aquellas zonas del país que en esta oportunidad no fueron afectadas por el terremoto, pero que igualmente debieran resentir los efectos de la menor actividad productiva.
Por lo pronto, el nuevo mandatario ya ha anunciado que enviará un proyecto de ley para modificar el presupuesto de 2010 con el objetivo de financiar la reconstrucción, lo que involucrará que cada ministerio deba precisar los programas de los que se pueda prescindir durante este año debido a la emergencia.